
Cada vez que un cliente te dice "está muy caro", la tentación es bajar comisiones o ajustar coberturas para cerrar. El problema es que esa objeción no nació cuando dijiste el precio. Nació antes: cuando tardaste tres días en responder, cuando enviaste un Excel difícil de leer en el celular, o cuando el cliente no entendió por qué tu propuesta vale la diferencia. La objeción de precio es el síntoma tardío de un proceso de cotización sin confianza ni claridad.
Este artículo te muestra cómo diagnosticar qué significa realmente "está muy caro" en cada caso (falta de claridad, falta de confianza, o timing equivocado), y más importante: cómo prevenirlo antes de dar el precio. No se trata de aprender mejores respuestas para el momento de la objeción. Se trata de estructurar el proceso desde el primer contacto para que el cliente ya confíe cuando vea el número.Este artículo forma parte de nuestra guía completa sobre cómo vender seguros, donde encontrarás el sistema operativo completo para transformar tu operación de ventas.
La primera reacción cuando un cliente dice "está muy caro" es pensar que el problema es el número. Entonces bajas coberturas, ofreces un descuento, o intentas competir con la opción más barata que encontró. El resultado: cierras con menos comisión, o pierdes la venta de todas formas porque el cliente siente que si bajaste tan rápido es porque tu primera propuesta estaba inflada.
La verdad es que cuando alguien dice "está muy caro", casi siempre está diciendo otra cosa. Está diciendo "no entiendo por qué vale esto", "no confío en que realmente necesito todo lo que me ofreces", o "no sé si tú eres la mejor opción". El precio literal es solo el síntoma visible de un problema que empezó antes.
La transparencia en la presentación de costos es fundamental para generar confianza. Según datos de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), la industria ha trabajado en estandarizar las prácticas comerciales para garantizar que los clientes reciban información clara y completa sobre las primas y coberturas.
Cuando un cliente dice "está muy caro", la reacción común es ofrecer la opción más barata. El problema: "está muy caro" casi siempre significa "no entiendo por qué vale esto", "no confío en ti", o "no es el momento correcto". El precio literal es solo el síntoma de un problema que empezó antes.
Cuando ofreces automáticamente la opción más económica sin entender qué causó la objeción, pierdes credibilidad. Si el problema era falta de claridad, sigues sin explicar por qué vale la diferencia. Si el problema era falta de confianza, ajustar coberturas confirma que tu proceso no es profesional. Además, le enseñas al cliente que tu criterio no importa.
"No tengo presupuesto" puede significar dos cosas completamente diferentes. La primera es literal: el cliente realmente no tiene el dinero disponible este mes. La segunda es una forma educada de decir "no veo por qué debería gastar esto
contigo".
La diferencia es crítica. Si el problema es dinero real, la táctica correcta es trabajar opciones de pago (mensualidades, fraccionamiento) o ajustar coberturas para bajar la prima sin destruir la protección esencial. Si el problema es la percepción de valor, bajar el precio solo empeora las cosas. El cliente sigue sin ver por qué vale la inversión, y ahora tampoco confía en tu criterio porque cambiaste el número sin explicar qué sacrificó.
La señal para distinguir entre las dos es simple: pregunta "¿qué presupuesto tenías en mente?" Si el cliente da un número específico, el problema es el presupuesto real. Si el cliente evade la pregunta o dice "no sé, pero esto me parece mucho", el problema es la percepción de valor, no el dinero disponible.
Cuando un cliente dice "está muy caro", lo que escuchas es una objeción de precio. Lo que realmente está diciendo es una de tres cosas: no entiendo qué estoy comprando, no confío en que tú seas la mejor opción, o no es el momento correcto para decidir. Cada una de estas preguntas reales requiere una táctica diferente. Si respondes con descuento a una objeción de confianza, o con más explicación técnica a una objeción de timing, pierdes la venta de todas formas.
Este framework te ayuda a identificar qué pregunta está haciendo el cliente para que puedas responder con la táctica correcta.

Esta objeción aparece cuando el cliente no entiende la diferencia entre las opciones que le presentaste, o no ve por qué necesita las coberturas que incluiste. No está diciendo que no tiene dinero. Está diciendo que no entiende qué está pagando.
Señales de este tipo de objeción: el cliente pregunta "¿y si quito esto?", "¿cuál es la diferencia entre esta y la más barata?", o "¿realmente necesito cobertura de X?". También aparece cuando enviaste una cotización con tres o cuatro opciones sin explicar los trade-offs entre cada una.
El error común es responder con más información técnica. El cliente ya tiene la información. Lo que le falta es criterio para decidir. Necesita que le digas "si quitas esto, te expones a este riesgo", o "la diferencia entre estas dos opciones es que una te cubre X situación que la otra deja fuera".
La solución no es bajar el precio. Es presentar las opciones con claridad: una tabla comparativa simple, ejemplos de situaciones donde cada cobertura aplica, y una recomendación explícita basada en el perfil del cliente. Cuando el cliente entiende qué compra con cada opción, la objeción de precio desaparece o cambia a una de las otras dos.
Esta objeción no es sobre el producto. Es sobre ti como agente. El cliente no ve diferencia entre comprarte a ti o a cualquier otro. No confía en que tu proceso sea profesional, o siente que puede conseguir lo mismo más barato en otro lugar.
Señales de este tipo de objeción: el cliente dice "voy a consultar con otros agentes", "me pasaron una más barata", o "déjame pensarlo" sin dar razón específica. También aparece cuando tardas varios días en responder, cuando tu presentación se ve improvisada (Excel genérico, mensaje de WhatsApp largo), o cuando el cliente no sabe quién eres más allá de tu nombre.
El problema aquí no es el precio literal. Es que el cliente no tiene razón para elegirte sobre la competencia. Si todos los agentes ofrecen el mismo producto con la misma aseguradora, la única diferencia visible es el precio. Bajar comisiones solo confirma que no tienes otra forma de competir.
La solución está en el proceso, no en el momento de la objeción. Responder rápido (mismo día o siguiente), presentar con herramientas profesionales (enlace con tu marca donde el cliente compara opciones en su celular sin abrir Excel), y tener presencia digital mínima (perfil con foto, reseñas, página simple) te diferencia del 80% de los agentes. Cuando el cliente ve que tu proceso es más ágil y claro que el de otros, el precio deja de ser el único criterio.
Esta objeción aparece cuando el cliente tiene interés real, pero no está listo para decidir ahora. Puede tener otras prioridades financieras este mes, puede estar esperando un bono o aguinaldo, o puede necesitar consultar con su pareja. El problema no es el precio ni tu propuesta. El problema es el timing.
Señales de este tipo de objeción: el cliente dice "déjame ver cómo me va este mes", "tengo que hablarlo con mi esposa", o "te confirmo la próxima semana". No rechaza la propuesta, sólo la posponen sin fecha clara.
El error común es presionar para cerrar ahora con descuento o urgencia artificial ("esta oferta vence mañana"). Si el cliente no está listo, la presión solo lo aleja. El descuento tampoco resuelve nada porque el problema no es el número.
La solución es estructurar el seguimiento sin presión. Das opciones de pago que faciliten la decisión (mensualidades, primer pago diferido), dejas claro cuándo vence la propuesta sin inventar urgencia, y defines cuándo vas a hacer seguimiento. El objetivo no es cerrar hoy, es mantener la conversación viva hasta que el timing sea correcto. Si tienes un sistema que te recuerda hacer seguimiento en 15 días, no pierdes el cliente por olvidarte de llamar.
Saber que existen tres tipos de objeciones no sirve si no puedes diagnosticar cuál enfrentas en cada caso. El diagnóstico se hace con dos cosas: lo que el cliente dice explícitamente, y lo que pasó en el proceso antes de dar el precio. Aquí están las señales concretas para cada tipo.

Una vez que logras reposicionar el valor y superar la objeción de precio, es momento de aplicar técnicas de cierre efectivas que te permitan avanzar hacia la firma de la póliza sin generar presión innecesaria.
Muchas veces, la objeción de precio esconde una objeción de necesidad más profunda. El cliente podría estar cuestionando si realmente vale la pena invertir en un seguro, y es ahí donde necesitas ajustar tu enfoque de valor."
Lo que el cliente dice:
Lo que pasó antes:
El cliente está interesado, pero no tiene criterio para decidir. No está diciendo que no tiene dinero. Está diciendo que no sabe qué está comprando. Si le bajas el precio sin aclarar qué cubre cada opción, el problema sigue igual.
Lo que el cliente dice:
Lo que pasó antes:
El cliente no ve diferencia entre comprarte a ti o a cualquier otro agente. El problema no es tu producto, es tu proceso. Si todos ofrecen lo mismo con presentación improvisada, el único criterio que queda es precio. Bajar comisiones solo confirma que no tienes otra forma de competir.
Lo que el cliente dice:
Lo que pasó antes:
El cliente no rechaza tu propuesta. Solo la pospone porque no es prioridad ahora. Presionar con descuento o urgencia artificial lo aleja. La táctica correcta es estructurar el seguimiento para mantener la conversación viva hasta que el timing sea correcto.
Si buscas estructurar tus conversaciones con mayor precisión, utiliza un script de ventas probado que incluya respuestas específicas para cada tipo de objeción, incluyendo las relacionadas con el precio."
La objeción de precio es el síntoma tardío de un problema que nació antes: falta de claridad, falta de confianza, o timing incorrecto. Si el cliente ya confía cuando ve el número porque tu proceso fue profesional y rápido, la objeción pierde fuerza o nunca llega.
Una vez que identificaste qué tipo de objeción enfrentas, la táctica correcta depende del diagnóstico. Aquí están las acciones específicas para cada caso.
El cliente no necesita más información técnica. Necesita criterio para decidir. La táctica correcta es presentar las opciones de forma que la diferencia entre cada una sea obvia, y darle una recomendación explícita basada en su situación.
Acciones concretas:
Una tabla comparativa simple donde cada columna es una opción, y cada fila muestra qué cubre y qué no. El cliente debe poder ver en 30 segundos qué gana y qué pierde con cada alternativa. Evita lenguaje técnico ("RC por $50,000 UDI"). Usa lenguaje funcional ("Cubre daños a terceros hasta $POR pesos").
Incluye ejemplos de situaciones donde cada cobertura aplica. No digas "incluye asistencia vial". Di "si te quedas sin gasolina o se pone una llanta, te mandan una grúa sin costo adicional".
Da una recomendación explícita. No termines la presentación con "tú decides". Termina con "para tu caso, la opción B es la más balanceada porque cubre X riesgo que con tu tipo de vehículo es común, y no pagas por coberturas que no necesitas".
Si usas herramientas digitales para presentar cotizaciones (plataformas que generan enlaces con tablas comparativas optimizadas para celular), el cliente puede revisar con calma y compartir con su pareja sin tener que abrir Excel. Esto elimina fricción y reduce la objeción de "no entiendo qué estoy comprando".
La objeción de confianza no se resuelve en el momento de la objeción. Se previene desde el primer contacto. El cliente decide si confías antes de ver el precio, basado en qué tan rápido responden y qué tan profesional se ve tu proceso.
Acciones concretas:
Responde el mismo día o máximo al día siguiente. Cada hora extra que tardas, el cliente asume que no eres confiable o que estás ocupado con otros clientes más importantes. La velocidad es señal de profesionalismo.
Presenta con herramientas que se vean bien en el celular. No envíes Excel por WhatsApp. Usa un enlace donde el cliente pueda ver opciones comparadas, con tu logo y tu nombre. Esto te diferencia del 80% de los agentes que siguen usando mensajes largos y archivos adjuntos.
Incluye acceso a documentación oficial de las aseguradoras. Si el cliente quiere profundizar, debe poder descargar el PDF oficial de la póliza desde el mismo lugar donde ve tu propuesta. Esto genera confianza porque no escondes información.
Ten presencia digital mínima. Un perfil de LinkedIn con foto profesional, reseñas de clientes en Google, o una página simple con tu contacto y servicios. No necesitas web compleja. Necesitas que cuando el cliente busque tu nombre, encuentre algo que confirme que eres real y confiable.
Cuando el proceso se ve profesional desde el inicio, el cliente ya confía cuando ve el precio. La objeción de "voy a consultar con otros" pierde fuerza porque ya vio que tu forma de trabajar es más ágil que la competencia.
Comparación entre presentación tradicional de cotización en Excel versus presentación profesional optimizada para móvil.

Si el problema es el timing, presionar para cerrar hoy solo aleja al cliente. La táctica correcta es mantener la conversación viva sin presión hasta que el momento sea correcto.
Acciones concretas:
Ofrece opciones de pago que faciliten la decisión. Mensualidades, primer pago diferido 30 días, o fraccionamiento. El objetivo no es bajar el precio, es eliminar la barrera de liquidez inmediata.
Define cuándo vas a hacer seguimiento. No digas "te marco después". Di "te hago seguimiento el 15 de este mes para ver si ya pudiste revisarlo con tu familia". Agenda el recordatorio. Si no tienes sistema para recordar, te vas a olvidar y el cliente se va con otro.
Envía contenido educativo entre el primer contacto y el seguimiento. Un artículo corto sobre qué situaciones cubre el seguro que le cotizaste, o un recordatorio de qué pasa si renueva tarde su póliza actual. Esto mantiene el tema presente sin presionar.
No inventes urgencia. Si la propuesta tiene vigencia de 30 días, dilo. No digas que "esta oferta vence mañana" si no es cierto. El cliente detecta la presión artificial y pierde confianza.
El objetivo con el timing incorrecto no es cerrar hoy. Es asegurar que cuando el cliente esté listo, tú seas la primera opción porque mantuviste contacto profesional sin quemar la relación con presión.
La mayoría de las objeciones de precio se previenen antes de dar el número. Si el cliente ya confía cuando ve la cotización porque respondiste rápido y tu presentación fue clara, la objeción pierde fuerza o nunca llega. La prevención funciona mejor que la reacción.
Antes de enviar cualquier cotización, verifica que estos tres elementos estén en su lugar:
1) Tienes contexto completo del cliente. No solo datos básicos (nombre, edad, marca del auto). Sabes qué lo motivó a buscar seguro ahora, si ya tuvo experiencia negativa con otra aseguradora, y qué es más importante para él (precio, coberturas amplias, servicio rápido). Si cotizas sin este contexto, vas a ofrecer algo genérico que no resuelve su necesidad específica.
2) Puedes responder en menos de 24 horas. Cada día extra que tardas, el cliente asume que no eres confiable o que ya encontró mejor opción. La velocidad no es "buen servicio". Es señal de que tu proceso funciona. Si no puedes cotizar rápido, el cliente va con quien sí puede.
3) Tu presentación se ve bien en celular. El 80% de los clientes abre la cotización desde el teléfono. Si envías Excel o PDF genérico, la experiencia es mala. Texto pequeño, zoom manual, no puede comparar opciones sin hacer scroll infinito. Una presentación optimizada para móvil (enlace con tabla comparativa) elimina fricción y te diferencia.
Si estos tres elementos están en su lugar antes de cotizar, la objeción de precio tiene menos probabilidad de aparecer porque el cliente ya tiene claridad, confianza y buena experiencia con tu proceso.

El error más común es cotizar sin entender qué busca realmente el cliente. Le preguntas datos técnicos (marca, modelo, año) y mandas tres opciones sin saber cuál necesita. El cliente ve números sin criterio para decidir, y lo primero que pregunta es "¿cuál es la más barata?".
Cuando cotizas sin contexto, obligas al cliente a tomar la decisión por precio porque no le diste otra forma de elegir. La prevención correcta es simple: antes de cotizar, pregunta "¿qué es más importante para ti: pagar lo menos posible, o tener cobertura amplia para no quedarte sin auto si pasa algo?". Esa respuesta define qué opción recomendar y cómo presentarla.
¿Qué hacer si el cliente pide descuento directo sin explicar por qué?
No ofrezcas descuento de inmediato. Pregunta "¿qué presupuesto tenías en mente?" o "¿qué te hace pensar que está caro?". La respuesta te dice si el problema es dinero real o percepción de valor. Si es presupuesto, ajusta coberturas o forma de pago. Si es percepción, aclara qué cubre antes de bajar precio.
¿Cómo saber si la objeción de precio es real o una excusa para salir de la conversación?
Si el cliente da un número específico de presupuesto o pregunta por opciones más económicas, el problema es precio real. Si dice "déjame pensarlo" sin dar razón, o "voy a consultar con otros" después de ver tu propuesta, el problema es confianza o timing, no el número literal.
¿Cómo presentar una cotización para que no parezca cara antes de abrir el documento?
Da contexto antes de enviar el número. Di "te cotizé tres opciones: una básica que cubre lo mínimo legal, una intermedia que agrega X cobertura que necesitas por tu tipo de vehículo, y una amplia". Cuando el cliente sabe qué diferencia cada opción antes de ver el precio, el número tiene más sentido.
¿Qué hacer cuando el cliente ya tiene una cotización más barata de otro agente?
No compitas directo en precio. Pregunta "¿qué cubre esa cotización?" y compara cobertura por cobertura. Muchas cotizaciones baratas excluyen asistencia vial, robo parcial, o responsabilidad civil amplia. Muestra la diferencia tangible. Si el cliente solo quiere precio bajo, déjalo ir. No destruyas margen por competir con quien vende barato.
¿Cuándo es válido ofrecer un descuento o ajustar coberturas?
Descuento: cuando diagnosticamos que el problema es el presupuesto real y el cliente tiene intención clara de comprar. Ajustar coberturas: cuando el cliente entiende los trade-offs y decide conscientemente qué sacrificar. Nunca bajes precio o coberturas sin saber por qué el cliente dijo "está muy caro". Si no diagnósticas, pierdes margen sin resolver el problema.
La objeción de precio es el síntoma tardío de un problema que nació antes: falta de claridad, falta de confianza, o timing incorrecto. Bajar comisiones sin diagnosticar qué causó la objeción destruye margen sin resolver el problema real. La venta se gana antes de dar el precio, no en el momento de escuchar "está muy caro".
Lo que funciona es estructurar el proceso desde el primer contacto: responder rápido, presentar con claridad, y dar al cliente criterio para decidir. Cuando tu proceso es profesional y ágil, el cliente ya confía cuando ve el número. La objeción pierde fuerza o nunca llega.
El siguiente paso práctico es diagnosticar las últimas cinco ventas que perdiste por precio. Revisa qué pasó en cada caso antes de dar el número. ¿Tardaste en responder? ¿Tu presentación fue clara? ¿El cliente entendía qué compraba con cada opción? La respuesta te dice qué parte de tu proceso debes arreglar primero. No necesitas aprender mejores respuestas para el momento de la objeción. Necesitas prevenir que la objeción aparezca.